Hoy, que la espesa neblina cubre el bosque y cubre mi alma por igual, he comprendido que no hay manera de soñar despierto, de alcanzar la fantasía en vida. Hoy ya no soy dueño ni de mí mismo, ni de mi cuerpo, ni de mi cara, empeñada en reflejarse en espejos que mienten.Hoy tendré en mis manos ese algo incorpóreo que siempre busqué. Me abandono a la noche de la muerte.
Hoy te entrego mi corazón, que siempre ha sido tuyo.
Te entrego ese bosque y su neblina, que fruncía el ceño al oírme pisar las hojas secas del otoño, su otoño, al verme arrancar sus flores en primavera para dártelas luego a ti, al verme marcar mis pasos en su nieve invernal. Te entrego los libros, las hojas, las plumas que nunca me enseñaron nada, que llenaron mi cabeza de banales pensamientos, de un humo que no me ha dejado nunca ver. Te entrego las estrellas, los astros, la luna que siempre se ríe de mi y de todos los hombres, al vernos condenados a vivir vacíos. Que su belleza te llene igual que me llenó a mí, hoy me voy a buscar-la, para que me cuente cuentos y leyendas de amor y muerte. Te entrego la noche, que cuida a los enamorados… ¡locos, ingenuos, dulces inocentes! Nunca supieron lo que yo sé ahora. La noche me cuidará, ella tiene cura las tumbas y de las almas de aquellos que, como yo, cruzaron el río o se ahogaron en él. Te entrego la tormenta, las heridas, las tinieblas y la oscuridad que me arroparon, las velas rotas de los majestuosos barcos que me llevaran en mi viaje, la bruma y la nieve, el frío, los montes y acantilados que escucharon mi llanto y lo ignoraron. Te entrego mi condena, que es la libertad que en vano siempre he buscado. Disfrútala, te digo, y se que lo harás… Mas un día, asqueada, verás que no es más que un juego, una broma. Te entrego mi locura, que no es diferente a la tuya o a la de aquél, o a la de aquél otro. Que yo, como don Quijote, he vivido loco para morir cuerdo, he sido tratado de enfermo y nadie me ha comprendido nunca. Espero que ahora lo hagan. Aprende a vivir con ella, y con los monstruos que he creado para que te persigan en las noches de luna llena. No son esos monstruos demasiado distintos a los tuyos, solo nos muestran aquello que nos enseñan a evitar, aquello que no queremos ver, la desgracia que, durante siglos, ha creado el hombre.
Te entrego la belleza de lo natural, de lo viviente, de aquello que no valoramos y que siempre ha sido puro y bello. Habla con esa belleza, te traerá la fantasía, la muerte, el éxtasis… te llevará a lo sublime. No tengas miedo de sus sombras y sus fantasmas.
Te entrego el niño que fui y sus sueños, el niño que quiso conocer el horror de la velocidad, las leyendas y los silencios, los libres pájaros… Te pido que, como ese niño, persigas lo que es triste, terrible, el horror y su encantadora fascinación… Ese horror nos hace humanos.
Te entrego ese himno que un día oí, y que buscarás en vano toda tu vida. Esa será tu condena, la condena de ser viva y muerta, de vivir en el vacío.
Yo hoy moriré dueño de mi mismo, al fin, y nunca te sientas culpable de mi destino. Hoy me abandono y solo nos separará la nada o la incomprensible eternidad. Cruzo al fin la inexistente línea, salto al acantilado, ando por la neblina, persigo los fantasmas, hablo con la luna, me río del horror, me enamoro de la naturaleza, grito a la tormenta, juego al ajedrez con la muerte, que años atrás construyó la tumba donde yaceré, al fin, completo. Hoy me entrego a un sueño eterno… al fin seré Dios.
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